A mis compañeros de vida.

Quisiera tener una colección privada de estrellas en mi habitación.
Y no salir de allí para poder quedarme hablando sobre lo raro que es vivir.
No quiero que existan los amaneceres para que la noche pudiera guardar mi cuarto en un suave manto de eterna paciencia.

Pero nunca tengo lo que quiero.
Esas estrellas están desperdigadas por todo el mundo, hace mucho que no paso por mi habitación y ni siquiera saludo a la noche porque solo vivo tras el amanecer.

Y aún siendo cosciente que no tengo lo que quiero, sé que algún día me reuniré con esas estrellas en mi habitación y por tan solo un segundo nos sonreiremos sabiendo que a pesar de todo aún nos queremos.

Por muy lejos que esté de mi habitación.

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