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Mostrando entradas de enero, 2017

Librémonos de las ataduras.

Una de las cosas de vivir por primera vez en una ciudad diferente a la que te has criado toda tu vida es que no puedes evitar compararla una con la otra. Y aunque son muchas las diferencias, hay una especialmente curiosa para mi. En esta ciudad veo más personas que se han perdido en sus cabezas, que explotan en mitad de una multitud y no les importa que los demás los miren. Por desgracia la gran mayoría los califican de locos e intentan no acercarse mucho a ellos. La verdad es que para  mi el término de la locura no lo tengo tan claro como para juzgar a estas personas.
Los motivos por los que estos individuos andan por las calles causando el desconcierto pueden ser muy variados: Una relación que no fue bien, el tiempo gris, el trabajo o simplemente un día no pudieron estar más tiempo sentados conteniendo todo en su interior. No me importa cual sea la causa de ese comportamiento y tampoco creo en que haya que ayudarles con la excusa de que están fuera de lo normal. ¿Son ellos o no nos…

Mi propia historia.

Imagen
Ese café azul que nos encontramos en un paseo improvisto dio pie a que la imaginación volara libre. Y aunque nunca llegasemos a sentarnos para comprobar lo que se sentía al observar el suave movimiento de un mar a punto de querer congelarse, en el fondo sabíamos la historia que se formaba alrededor de ese ambiente. Una historia que no he querido hacerla realidad hasta un mes después. ¿El motivo? No estaba lista, necesitaba pensar si era lo suficientemente valiente para escribir una historia jamás contada. Y la verdad, no sé si ahora estoy lista pero para qué demorarse más. Saltemos al vacío. En un mar con vistas al pueblo vivía una niña que portaba dulces cabellos de oro. Y aunque a simple vista parecía como todos los demás niños pocos sabían de sus peculiares gustos. Desde que aprendió a caminar le gustaba hacer excursiones con su padre, disfrutaba la naturaleza como si fuera un valioso regalo, uno que debía mantener vivo. Su lugar favorito era aquel reflejo del cielo donde iba siem…

Amorodio.

¿Se puede odiar a una persona que quieres? Me pregunto. Y al preguntármelo pienso en qué es querer para mi y si de verdad quiero a esa persona que me pide ahora que no la odie. Cualquiera me diría que me tomase tiempo para recapacitar. Esas son las mismas personas que dicen que la vida son tres días y vamos por el segundo.
Entonces, ¿qué hago? ¿Corro o ando despacio? Siempre me he tomado mi tiempo para saborear cada cosa que se me pone en las narices y ahora ansío librarme de estos sentimientos tan confusos entre ellos para poder seguir disfrutando de mi completa normal y extensa locura interior.
Y ahora, ¿qué hago con esta situación? ¿La paro o la dejo pasar? Y si la dejo pasar, ¿la estoy parando?

Creo que en mi cabeza se va formando poco a poco una conclusión. La verdad es que no puedo odiar a una persona por cómo es. Y aunque más tarde niegue estas palabras, amo a las personas por sus rarezas e imperfecciones.
Qué le voy a hacer si decidí querer lo oscuro de este mundo. (Porque que…

La vida.

Dulces campanas sonaban a lo lejos mientras ella caminaba.
Caminaba como si supiera lo que iba a hacer a continuación porque pensaba que el mundo le prestaba atención. Pero qué ingenua era porque ni yo soy capaz de recordar su nombre. Vivió una larga vida sin parar un segundo a escuchar esas campanas. Y qué infortuito que no lo hiciera porque si hubiera parado no habría tenido una larga vida pero al menos la habría vivido.

Todo el mundo guarda un secreto.

Quieras o no un día decidirás guardarte algo en tu interior y no contárselo a nadie. Pondrás mil piedras encima de ese secreto. Bueno o no, no querrás decirlo. Y a medida que pase el tiempo las piedras se irán acumulando una a una. Algunas piedras serán grandes y lisas, otras pequeñas y llenas de fisuras. Y eso será lo que vea la gente, piedras de todos los tamaños y colores que han ido encajando entre ellas para formar una bella imagen.
Al final olvidarás ese secreto que te atormentaba y tú también te fijarás en la bella imagen que forman las piedras sobre ti.
No estoy diciendo que este comportamiento este bien o no, simplemente digo que esto les pasa a todo el mundo. Y cuando miras a otra persona solo puedes ver esas piedras que han ido cayendo lentamente sobre ella, y a partir de estas formarás tu opinión. No nos engañemos. Nunca veremos el secreto más oculto de alguien, porque ni uno mismo sabe cuál es el suyo propio. Y aunque intentes colarte por los pequeños pasajes que hay ent…