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Pregúntame.

Se encontraba sentado en una paciente penumbra mientras aguardaba que aquella palida luz asomase a través de su ventana. En el momneto que esto pasó aparentemente nada cambió, tan solo un recuerdo olvidado asomó entre sus pensamientos. Una danza armónica y hermosa era lo que era. Un recuerdo tan frágil que costaba retenerlo. Todo cesó con su aullido de lamento que proclamaba venganza.

Escondite.

Sal de ahí amor, sal de la maleza. No te escondas ante mi porque te veo como nunca nadie te vió y te amo como nunca nadie te amó. Pero puedes huir y no te detrendé aunque sepa donde estás. Porque al final como más te quiero es libre.

Me gustan las montañas rusas.

Me gustan los besos, el poder conectarte con una persona. Robaros mutuamente el aire. Estar tan cerca que solo apreciáis los detalles a una velocidad de suspiros y acaricias. Me gustan todo tipo de besos, pero los que más me gustan son esos que al principio vais con miedo. Hay un silencio, un silencio de espera, os observáis y os vais acercando lentamente hasta estar a menos de medio centímetro uno del otro. Y ahí os quedáis, observando, esperando. Esos instantes pueden durar minutos pero son los más importantes porque es la calma antes de la batalla. Y justo un segundo después vuestros labios se chocan, al principio con cuidado como si comprobárais que no quema y una vez el miedo se ha ido, empieza la batalla. Un beso apasionado de estos que cortan la respiración. Justo en mitad de ese beso tras beso apasionado os dais cuenta que es lo más delicioso que habéis probado nunca y queréis más y más... Y de repente, tal cual ha venido se va, os paráis y os separáis. Sonreír es la últ...

Autobuses vacíos.

Hoy me he acordado de ti. Miento. Siempre pienso en ti. Hoy me he acordado cuando me olvidaste. Cierto. No me acuerdo de qué hice ese día, tan solo recuerdo que me subí a un autobús y nunca bajé. Nunca bajé porque me olvidaste. Ahora subo diariamente en autobuses, pero en la bajada ahora sé que nunca aparecerás. Ya no te acuerdas de mi. Ya nadie se acuerda. Tan solo yo con lágrimas en los ojos.

Sensaciones.

Esos días andaba con una extraña sensación. Todo parecía una advertencia ante el peligro. Yo misma me sentía rara. Sabía que algo o alguien intentaba captar mi atención. Pero yo al principio no quería darle importancia, eran todo simples casualidades. Tenían que serlo porque la otra explicación es que me estaba volviendo loca. Uno de esos días me fui al parque a escribir. Rodeada de árboles en un banco me senté. No había nadie. Ese día por alguna razón nadie paseaba. Y allí, sentaba en mi soledad escribía tranquilamente. Pero por mucha paz que quería aparentar tener sentía algo en mi interior. Algo que me aterraba. Sentada en aquel lugar solitario me parecía que alguien me observaba, pero cuando alzaba la vista solo los árboles estaban allí. ¿Qué era?  ¿ Qué era? Todo cuanto veía, sentía u oía daba la impresión de que querían darme un mensaje. Un mensaje que no alcanzaba comprender. Un mensaje aparentemente muy importante. La peor sensación que a veces tenía era q...

Me gustaría.

Me gustaría poder flotar en la noche, porque así podría disfrutar de esta sin todos los peligros que encierran en la inmensa oscuridad. Me gustaría poder tocar la luna y las estrellas para poder columpiarme en ellas como única cosa que hacer. Me gustaría ser libre por una vez sin tener obligaciones o responsabilidades. Me gustaría simplemente flotar alejada de todo y de todos. Me gustaría ser tantas cosas que simplemente piso este suelo lentamente sin flotar ni columpiarme, sin ser libre. Me encuentro en una jaula que cada día se hace más y más pequeña, y tan pocas son mis fuerzas que ni me molesto en comprobar si la puerta a esa libertad que tanto ansío está cerrada con llave. Así que, no sé si alguien me está quitando la libertad o soy yo la culpable de mi asfixia. 

Juguemos a perdernos.

Aquella extraña mujer con sus extraños juegos un día se enamoró. Ella no supo en el momento qué pasó y ahora lo intenta recordar. Todo empezó con un juego, un juego de miradas. Este juego, como todos los juegos a los que jugaba, solo ella sabía las reglas y solo ella sabía que estaban jugando. A ella siempre le parecía divertido dedicar diferentes miradas y esperar las diferentes respuestas. Y ese día, tan normal como cualquier otro, hubo una mirada que al tener tal intensidad ni siquiera entró en el juego, aunque nadie pareció darse cuenta. El segundo día del enamoramiento fue cuando ella propuso a la otra persona jugar a su juego favorito. "Juegos a perdernos" dijo ella. Solo con esas palabras él enseguida aceptó. Y así, cogidos de la mano empezaron un juego que duraría por mucho tiempo...    La primera fase del juego consistió en que ellos, tan juntos el uno del otro, desaparecían ante el mundo. La de historias que pasaron en aquellos lugares secretos que nadi...